Sorprendentemente, las gallinas pueden adaptarse a los cambios de estación. A pesar de su delicada apariencia, son naturalmente capaces de soportar temperaturas frías. No obstante, muchos criadores de gallinas se preocupan por sus compañeras emplumadas en invierno y se preguntan si realmente es necesario darles una lámpara de calor. La buena noticia es que las lámparas de calor no son necesarias para que las gallinas sobrevivan el invierno; de hecho, darles una podría ser perjudicial para su salud.
Las plumas, una gruesa capa de grasa debajo de la piel y la capacidad de esponjarlas para retener el calor son algunas de las defensas naturales de las gallinas contra el frío. También son expertas en acurrucarse juntas para mantenerse calientes. Sin la necesidad de una fuente de calor adicional, la gallina común puede tolerar temperaturas tan bajas como 20 grados Fahrenheit (-6 grados Celsius). En algunos casos, las gallinas han logrado vivir a temperaturas tan bajas como -40 grados Celsius o -40 grados Fahrenheit.
Para las gallinas, colocar una lámpara de calor puede ser muy perjudicial. Una de las principales causas de las llamas en los gallineros son las lámparas de calor. La luz puede provocar fácilmente un incendio que puede arruinar el gallinero y herir o matar a las aves si se la empuja o entra en contacto con la ropa de cama o las plumas. Además, las gallinas pueden sufrir un shock por una caída repentina de la temperatura, o incluso pueden morir debido a una bombilla defectuosa o a una falta inesperada de electricidad.
Las gallinas que sufren un exceso de calor pueden sufrir estrés térmico además de los posibles peligros de una lámpara de calor. Esto puede provocar deshidratación, disminución de la producción de huevos e incluso la muerte. La exposición de las gallinas al calor artificial puede interferir con su mecanismo normal de enfriamiento, que incluye el jadeo, lo que provoca un sobrecalentamiento.
Durante el invierno, existen otros métodos para garantizar la salud y el calor de sus gallinas. El primer paso es asegurarse de que su gallinero esté adecuadamente ventilado sin corrientes de aire. Un gallinero bien ventilado elimina la humedad y permite el flujo de aire fresco, lo que puede prevenir la congelación y los problemas respiratorios. A continuación, proporcione a sus gallinas un lecho de alta calidad para ayudar a mantener sus patas calientes: paja, virutas de madera o serrín son opciones maravillosas.
Asegurarse de que sus gallinas tengan siempre acceso a agua limpia es otra tarea crucial. Para evitar que su jardín se congele, puede utilizar un bebedero calentado o proporcionar agua tibia durante las horas más frías del día y cambiar el agua periódicamente. El invierno es una época crucial para proporcionar a sus gallinas alimentos saludables. Como las gallinas necesitan más energía para mantenerse calientes, asegúrese de proporcionarles suficiente comida y golosinas con alto contenido calórico, como gusanos de la harina, maíz partido o semillas de girasol.
En resumen, las gallinas son animales muy resistentes que pueden sobrevivir el invierno sin una lámpara de calor. De hecho, darles una puede ser peligroso para su salud y para la del gallinero. Puedes mantener a tus gallinas calientes y saludables durante todo el invierno si les das suficiente comida, agua, lecho y ventilación.
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